Wednesday, February 10, 2010

Ciudadanía y Desarrollo: La contaminación ambiental en la zona Minera del Peru.

Ciudadanía y Desarrollo Sostenible en la Provincia de Pasco
Un acercamiento desde la responsabilidad social empresarial

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Carmen Fuentes Pizarro, MA Socióloga
Catedrática de la Universidad Federico Villareal;
Lima – Perú Email: cfp_13@hotmail.com
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El desarrollo sostenible constituye un desafío por los impactos de la contaminación ambiental en las economías y en la calidad de vida de los habitantes de la tierra. Al respecto Brundtland citado por Oxfam (2007) define el desarrollo sostenible como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades”

Es a partir de la década del 90, que en un contexto de globalización y cambios políticos y económicos, que las empresas empiezan a analizar los alcances de su poder y de sus responsabilidades en el desarrollo y fortalecimiento de la sociedad. Al mismo tiempo, las universidades, las ONGs y la ciudadanía empiezan a debatir el grado de compromiso y aporte de estas unidades económicas para abordar problemas de carácter social, ambiental y económico; demandando que operen según códigos y estándares de comportamiento responsable necesario para el logro de un desarrollo sostenible.

Si bien los antecedentes de la Responsabilidad Social empresarial se ubican en el principio del siglo XX período en el que se ponía énfasis en acciones caritativas, hoy en día se le vincula como la forma de hacer negocios exitosos teniendo presente los impactos sociales, ambientales y económicos de la actividad empresarial.

Para la Organización Internacional del Trabajo, la Responsabilidad social empresarial alude al conjunto integral de políticas, prácticas y programas centrados en el respeto por la ética, las personas, las comunidades y el medio ambiente. De ahí que, la empresa sea asumida como un agente social y no como sujeto económico.

En esta nueva perspectiva, destaca el compromiso ético del respeto a la vida humana y a la naturaleza, expresados en los derechos humanos, sociales, medioambientales y económicos.

Otro elemento a destacar es que una propuesta de responsabilidad social empresarial involucra a los “stakeholders”, es decir a los todos involucrados tanto a nivel interno (recursos humanos, salud y seguridad en el lugar de trabajo, adaptación al cambio y gestión del impacto ambiental y de los recursos naturales); como a nivel externo (comunidades locales, socios comerciales, proveedores y consumidores, derechos humanos, los problemas ecológicos mundiales). Por ello se afirma que una empresa no solo se limita a satisfacer al consumidor, sino que requiere asumir un compromiso con el desarrollo de la comunidad con la que se involucra.

Oxfam señala que para el sector empresarial minero peruano es una filosofía empresarial adoptada por la alta dirección de la empresa para actuar en beneficio de sus propios trabajadores, de sus familias y del entorno social en la zona de influencia de la empresa.

Hernández & Cols. (2005) indican que la pirámide de la responsabilidad social corporativa permite analizar el comportamiento de las empresas con respecto a la responsabilidad social empresarial, diferenciando los niveles de responsabilidades empresariales: a) económica, b) legales, c) éticas y d) voluntarias.

En el Perú la Responsabilidad Social empresarial tiene un carácter voluntario y complementario a los esfuerzos del estado y la población para el logro de un desarrollo sostenible. La Ciudad de Cerro de Pasco situada en los andes centrales del Perú, se ubica a 4,300 msnm, se encuentra situada sobre yacimientos mineros de zinc, plata y plomo. Históricamente en la época colonial, la actividad minera en esta ciudad significó una nueva etapa como sistema laboral de la mano de obra indígena, caracterizada por una explotación inhumana. Vega (2007) citando a Contreras manifiesta que la minería de Pasco significó el auge de un conjunto de ciudades situadas en la región central del país, que movieron sus economías en torno a la necesidad de la actividad minera.

A inicios del siglo XX, empresas norteamericanas adquieren las minas de Cerro de Pasco y otras de la región inyectando capitales, tecnología y vías de comunicación reforzando el enclave minero. Así, la llegada de la modernidad se contrapone a los intereses de las comunidades, abriendo una escalada de conflictos en razón a que la contaminación ambiental no sólo afecta la economía tradicional de estos pueblos, sino también la salud de sus habitantes. En este proceso gradualmente un sector de pobladores deja de ser campesinos para ser obrero.

La explotación minera en la ciudad de Pasco se realiza a tajo abierto, y hacia los 90 se propone expandirlo llegando a 115 hectáreas alterando el desarrollo urbano de la ciudad con costos sociales, ambientales y culturales negativos.

Vega señala que la empresa privada Volcán S.A. en 1997 constituye uno de los mejores ejemplos de economía totalizante o de enclave que ocurrieron sobre territorio peruano, donde una aglomeración humana como Cerro de Pasco pasó a ser dependiente en su mayor parte de las marchas y contramarchas de una sola empresa minera, la que dominó el conjunto de necesidades no solo laborales sino cotidianas de sus trabajadores, su familia y en general de toda la población indirectamente involucrada por la economía que esa empresa generaba. Volcán S.A. a finales de los 90 llegó a ocupar 204 hectáreas entre tajo y operaciones mineras y 138 hectáreas para depósito de desmontes cercano a la ciudad, habiendo destruido los recursos naturales de la ciudad y pueblos aledaños, que han deteriorado la salud de niños, ancianos y de jóvenes en los que se ha hallado niveles significativos de plomo; acentuando de esta manera los conflictos sociales existentes.

A inicios del 2007, esta empresa presenta un nuevo plan de expansión minera en las áreas urbanas denominado “Plan L” a ejecutarse del 2008 al 2013, que propone la ampliación del tajo hacia el lado sur-este de 11.4 hectáreas, afectando 418 predios entre viviendas e inmueble, vías de comunicación, espacios públicos y establecimientos comerciales. El impacto social y ambiental del Plan L implica la destrucción de viviendas y bienes culturales de uso común así como romper con la dinámica del comercio local y con ella la memoria histórica y cultural de Cerro de Pasco. La reubicación del distrito de Chaupimarca ubicado en el corazón de la ciudad de Pasco, será íntegramente reubicada.

Las propuestas de responsabilidad social de la compañía minera Volcán S.A.se centra en la construcción de las viviendas, plazas y plazuelas, colegios y centros comerciales que serían afectados, dejando de incidir en proyectos industriales, diseño de tránsito urbano adecuado para no aislar a Chaupimarca, además no señala programas de desarrollo social y de recuperación de identidad cultural, ni de protección ambiental. En esta dinámica la población y las autoridades acceden a las propuestas de esta entidad empresarial minera, sin tener en cuenta la reversión de procesos ambientales, sociales y culturales que permitirían una mejor calidad de vida a sus familias y el desarrollo urbano sostenible de su ciudad.

Frente a este problema social eminente, la presente investigación plantea las siguientes interrogantes:

  • ¿Cuál es la ética que orienta la responsabilidad social empresarial de la empresa minera Volcán S.A.?


  • ¿Cuál es la visión de futuro que tienen los adultos y jóvenes de la provincia de Pasco sobre el desarrollo urbano sostenible?


  • ¿Cuáles son los niveles de participación ciudadana de la población joven y adulta en la construcción de las propuestas de desarrollo urbano sostenible?


  • ¿Qué percepción tiene la población sobre el impacto social y cultural que generaría la reubicación del Distrito de Chaupimarca?
El nivel de bienestar a la calidad de vida de una persona determina el grado en que logra satisfacer sus necesidades materiales y no materiales, sin embargo, en nuestro medio son escasos los estudios que dan a conocer la incidencia de variables subjetivas del trabajo en la calidad de vida de los colaboradores/trabajadores.

Se destaca la relevancia del tema, como aporte en el plano teórico en tanto que se contribuirá a confirmar a ampliar el marco explicativo de las teorías expuestas. De otro lado, a partir de los resultados se conocerá el capital humano, social y cultural existente en la empresa como base para proyectar estrategias de mejoramiento de la calidad de vida del trabajador y su familia lo cual contribuirá al fortalecimiento organizacional.

Identidad y Peruanidad en La Diáspora

Identidad y Peruanidad en La Diáspora

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Jorge Yeshayahu Gonzales-Lara, MA, Sociólogo

Especialista en inmigración.
New York, Estados. Email: yeshayahu17@hotmail.com
Latin American Studies & International Migration, Hunter College, United States.
Graduate from Federal Academy as Federal immigration Officer, Glenco, Georgia
Accepted into Diploma Program Alcoholism & Substance Abuse Counselor- New York
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La identidad es una necesidad básica de todo individuo. La peruanidad tiene que ver con nuestra historia de vida y es influida por el concepto de mundo que manejamos y por el concepto de mundo que predomina en la época y lugar en que vivimos. La identidad peruana está vinculada a la tradición del indígena del antiguo mundo andino, de las comunidades amazónicas, la tradición africana, la tradición china-cantonesa, como la tradición española y occidental son partes inseparables de la peruanidad.

El asunto de la identidad y la peruanidad ha sido sumamente conflictivo en la historia social del Perú. Ciertamente desde la “independencia” del Perú una de las características constantes del pensamiento y de los proyectos políticos peruanos fue la negación del pasado y de las tradiciones de Perú como una nación multiétnica en vistas a instaurar nuevos modelos de sociedad.

Sostener que el incario resume la historia del antiguo Perú es reducir siglos de ricas culturas y sociedades pre incas (cimientos básicos de nuestra identidad nacional) a su último período, es una idealización arbitraria, deforma la propia valía del incario como gran sociedad avanzada y es asimismo desconocer que hay otros pueblos, como las comunidades amazónicas, que no se reconocen como sus herederos y que tienen otra génesis, es pensar con mente imperial o tratar de entubar la historia, a la doctrina.

Ahora bien, en el contexto de las migraciones y la globalización, estas identificaciones regionales, razas, etnias e identidad constituyen espacios simbólicos susceptibles de ser modelados en sus dimensiones y fronteras.

La tradición del indígena del antiguo mundo andino como la tradición española y occidental son partes inseparables de la peruanidad. En este contexto se ponen en juego expectativas que tiene el emigrante peruano sobre la sociedad de acogida, los Estados Unidos, moviéndose las personas de un sentido al nuevo contexto social.

En la reconstrucción del concepto “peruanidad” e “identidad nacional” en la diáspora se presenta como una red de identidades posibles y “virtuales”. La “identidad peruana” pierde su centralidad y se des-localiza. Entonces encontramos que las categorías de identidad étnica nacional relacionada con componentes “afro-peruano”, “indio”, “andino”, “amazónico”, “mestizo” y la raza “cobriza”, se diluyen.

Tanto el componente “andino” como el componente “afro-peruano” trascienden los límites nacionales peruanos, extendiéndose simbólicamente a un proceso de transculturación y el concepto peruanidad se redefine. La peruanidad en la diáspora revaloriza la tradicional “andina” “afro-peruana” con la tradición española y occidental como parte indispensable de la identidad peruana y de la peruanidad. A su vez, los diversos géneros de música producen múltiples efectos y retroalimentan las construcciones de identidad de la diáspora peruana.

Estas expresiones se reflejan en la diversidad de las asociaciones étnico-culturales, organizaciones deportivas, organizaciones culturales, grupos de folclor, música afro-peruana, organizaciones religiosas, asociaciones departamentales-regionales, asociaciones de solidaridad y asistenciales que crean identidades fluidas y múltiples, profundamente apoyadas tanto en la sociedad de origen como en la de destino.

Los flujos migratorios de la comunidad peruana se caracterizan por la configuración de redes sociales, así como actividades y patrones que vinculan la sociedad de origen con la receptora. El transnacionalismo es uno de estos marcos, herederos de la globalización, que nos permite explicar las características de la redefinición del concepto peruanidad en el entorno de la globalización de la cultura: el ser peruano en la diáspora, que no es lo mismo que ser peruano en el Perú.

El espíritu del hombre peruano, modelado por el arte y la religiosidad, ha dado lugar a una gran creatividad que se manifiesta en infinidad de formas, ritmos y rituales. Más de 3.000 fiestas populares, 1.500 géneros musicales e infinidad de oficios artesanales confirman al Perú como uno de los países con más variado folclor en el mundo. Con estas expresiones, los peruanos se nutren de profundas raíces para proyectar una alianza inmemorial con la naturaleza y expandir a través de ritmos y colores su compromiso con la vida.

Hoy, en ellas se mezclan los sonidos de instrumentos de viento y percusión que provienen de tiempos pre-incas con otros de más reciente creación, y las danzas más tradicionales, como la marinera y el huayno, con ritmos más modernos, como el vals criollo y últimamente la chicha.

Esta capacidad para la fusión musical es la constatación más contundente de una cultura que no admite purismos excluyentes, que va forjando una identidad colectiva a partir de una multiculturalidad plena de diferencias de la diáspora peruana.

La diáspora peruana redefine los conceptos de peruanidad e identidad y reincorpora la tradición cultural en la diáspora con un elemento de nostalgia de identidad colectiva, incorporando lo andino, lo afro-peruano, las tradiciones religiosas de la colonia, la gastronomía peruana como símbolo de la peruanidad colectiva.

Lo “mestizo” se ha convertido realmente en una etiqueta cultural. En la comida peruana se encuentran al menos 5.000 años de historia pre-inca, inca, colonial y republicana. Y se consideran casi tres siglos de aporte culinario español, influenciado inicialmente por 762 años de presencia musulmana en la Península Ibérica, las costumbres gastronómicas traídas por los esclavos de la costa atlántica africana y la fuerte influencia de los usos y costumbres culinarios de los chefs franceses. Igualmente transcendental es la influencia de los chinos-cantoneses, japoneses, italianos desde el siglo XIX y otros europeos. El resultado es una excepcional diversidad marcada por la confrontación y el encuentro de múltiples tradiciones culturales.

Por lo tanto, hay en este concepto de peruanidad un cruce individuo-grupo-sociedad, por un lado, y de la historia personal con la historia social, por otro. Los individuos, los grupos y las culturas tienen conflictos de identidad. Hay una identidad personal y varias identidades colectivas. No hay un solo “nosotros”, sino varios, no excluyentes, sino superpuestos en la unicidad de la persona. La identidad distingue nuestro colectivo de otros, así como la identidad individual distingue a nuestra individualidad de hoy de los peruanos en la diáspora. La identidad colectiva es a la vez común y diferente según el contexto. En la diáspora es “nosotros los peruanos”, y actúa como un móvil contextual de solidaridad y son muchas las identidades colectivas y algunas incluyen otras, pero hablamos de nosotros los peruanos.

El sentimiento de peruanidad en la diáspora es producto de la reconstrucción imaginaria con hondo contenido emocional, juegan un rol preponderante las determinaciones estructurales, la percepción que se tiene de las mismas y la atribución de nuestra identidad como individuos por parte de los demás. La representación de lo peruano se articula a las contradicciones entre el país de entrada con el país de origen. Esto se visualiza claramente en los estereotipos: ser “indio”, ser “cholo”, ser “blanco, ser “negro”, ser “mestizo”, son estereotipos propios de la sociedad peruana que se diluyen; y lo mestizo se convierte realmente en una etiqueta cultural. La peruanidad es la identidad imaginaria, simbólica, y se presenta como una red de identidades posibles y virtuales, trasciende los límites nacionales extendiéndose simbólicamente a un proceso de transculturación, la peruanidad redefine su dinámica social y está marcada por la historia colectiva y sujeta a un cambio permanente.

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La venganza de los nerds: el poder de organización de los marginados

La venganza de los nerds: el poder de organización de los marginados

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Steep Romaní Zamudio, Sociología
Universidad La Católica del Perú
Lima, Perú Email: stromazamu@hotmail.com
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Resucitar comentarios sobre La venganza de los nerds tal vez sea tarea trivial para algunos, siempre y cuando se conceda “acceso denegado” a las nostalgias que ella y otras producciones fílmicas de la época nos produzcan. Sin embargo, esta película llama mi atención no solo porque el que escribe pertenezca a la generación de los 80, sino porque percibo un contenido de valor político que resultará interesante indagar en las siguientes líneas.

Quisiera compartir una confesión: fui parte de aquel grupo de alumnos que lidió con la categoría nerd y los abusos de los victimarios. En mi caso, fui receptor del apelativo no precisamente porque mis notas fueran sobresalientes, sino porque usaba anteojos. Sea como fuere, la “chapa” se tornaba muchas veces molestosa y humillante. Si bien mis opiniones y bromas tenían peso entre mis compañeros y se me concedía crédito por mi destreza al dibujar –de hecho, siempre fui uno de los mejores dibujantes en primaria y secundaria–, la sensación de ser el “lorna del salón” me desmoralizaba sobremanera. El sobrenombre me persiguió durante dos o tres años.

En quinto de secundaria, cuando fui matriculado en un colegio estatal, presencié los extremos de dicho etiquetaje, dirigido esta vez a un alumno que reunía todas las condiciones para ser asediado como blanco de abusos e insultos: educado, empeñoso en los estudios, excelentes calificaciones, pacífico e inhibido, aunque sin lentes. Cayeron sobre él los adjetivos prototípicos (“nerd”, “mongol”, “idiota”) y los golpes. Parecía que por ser el primero de la clase era uno de los últimos en ser reconocido y respetado. Ciertamente, pienso que los abusivos veían en su víctima el espejo de lo que no eran, el ideal del hijo querido entre los padres y el alumno preferido entre los profesores. Al ser un recordatorio permanente de sus ausencias, tenían que “acabar” con él. Creo que este es el precedente tácito de relaciones que subyace en el maltrato al estudiante inteligente, lente judo e introvertido. Reconocer al nerd es un compromiso que los alumnos con actitudes promedio no están dispuestos a seguir, puesto que eso significaría admitir la sombra incómoda de sus incompetencias.

La situación en la película no es diferente. Louis Skolnick y Gilbert Lowell, dos amigos instruidos y educados que inician sus estudios en la Universidad Adams, son testigos directos del rechazo a que son víctimas desde el primer día. “¡Nerds, nerds, nerds…!”, reza el enérgico recibimiento de un grupo veterano de estudiantes –“guapos y deportistas”– desde el balcón de su residencia en el campus. Los abusos no tendrían descanso. El primero de ellos corresponde al desalojo arbitrario de los nerds, cuyas habitaciones pasan a ser ocupadas por los veteranos como solución inmediata a un incidente ocurrido el día anterior, a saber, el incendio de su domicilio, ocasionado ingenuamente por ellos mismos. La venia del prepotente entrenador Harris y la actitud sumisa del decano Ulich son el colchón sobre el cual reposa la medida. El desalojo es un hecho trascendental porque reúne en un mismo espacio a los marginados, el gimnasio, y es el prólogo del proceso de eventos organizativos que los nerds seguirán para llegar al poder. Precisamente, las imágenes en el gimnasio parecen encubrir un simbolismo de tono político, cual lugar de internamiento que alberga a fugitivos capturados o "refugiados de guerra", como diría Wormser, el niño genio de la película.

En la versión española, el término “nerd” es traducido como “novato”. Creo que este término es más justo para referirse a los personajes marginados de la película, ya que no todos concentran los rasgos convencionales del nerd. Incluso Gilbert Lowell, el emblema del lentejudo con camisa y vestimenta formal, brilla en vivezas, travesuras y cortejos. Otro personaje memorable es Booger, vestido con una chaqueta de cuero, prolijo en obscenidades y proveedor de hierbas estimulantes. Lamar Latrell, un homosexual negro que enseñará a su pequeño amigo Wormser las artes de la gimnasia, pesa más bien como marginal por su orientación sexual que por torpe, sumiso e inhibido. La idea del novato es la idea del recién iniciado en la vida universitaria, es decir, sin experiencias capitales previas –experiencias sexuales, fiestas liberales, emparejamientos flexibles, conocimientos, prestigio. El nerd de la película, en este sentido, se ajusta más a lo que conocemos como “cachimbo” -un amigo de La Cantuta me comentaba que a los ingresantes se los etiquetaba de “cachimbos monses”.

La venganza de los nerds es un referente no solo de marginalidad social, sino de lucha de poderes: de un sector vinculado el facilismo, la corrupción y el abuso, por un lado, y una intelectualidad contestataria emergente, por otro. Esta intelliguentsia aparece como un grupo al que se le cierran las puertas en espacios de decisión y protagonismo, pero con actitudes y habilidades modernas, como la disposición al diálogo concertador y la destreza en el manejo de la informática y las computadoras. La división de cualidades viejas y modernas confluye permanentemente dando lugar a un escenario de luchas donde la clase emergente asume la apropiación de los “recursos” de la época y, por ende, de un liderazgo potencial. Tal como dice el personaje de Gilbert:

Trabajar con una computadora es genial. Bueno, es como sentirse superior, porque puedes tener un completo control. Verás, algunas personas pueden crear con sus manos, pero cuando trabajas con una computadora tienes que construir con el cerebro.

El trabajo con las manos recuerda las destrezas físicas del grupo de veteranos de la universidad, que sacarán provecho de estas facultades para enfrentarse a sus enemigos declarados. Es el sector políticamente opuesto que la metáfora del film representa como un grupo de atléticos deportistas, pertenecientes al equipo de fútbol americano de la universidad. El físico es, ciertamente, el recurso preferido por ellos para lidiar contra los nerds. Desfasados de su época, sus ataques carecerán de ese elemento de modernidad que caracteriza al contra-ataque nerd -uso de cámaras de infiltración, elementos computarizados. El grupo de veteranos, así mismo, presidirá el Concejo de la universidad –el Concejo Griego– y manejará una red de relaciones que asegurará la estabilidad de su poder –por ejemplo, un agente de policía comprado. Los nerds buscarán desbaratar este orden de privilegios para erradicar los vejámenes cometidos sobre ellos y darle una orientación más justa a las cosas. El objetivo será la presidencia del concejo universitario.

El ascenso al Concejo constará de una serie de actividades que reunirá la participación conjunta de los nerds. El prolegómeno de este proceso es el desalojo y reubicación en el gimnasio. Estos hechos marcan lo que creo es la primera fase del proceso de organización en la toma de poder. Es allí donde los nerds comienzan a reconocerse como grupo, con las mismas dificultades e intereses. Se inicia una idea de comunidad, de pertenencia, que se hace mucho más sólida al hallar un nuevo hogar donde vivir. La casa, abandonada y hecha un desastre, es reestructurada gracias al trabajo colectivo de los nerds. La idea de desbaratar a los veteranos aún no se cristaliza, pero va aproximándose al espíritu de acción de los novatos, y la nueva casa funcionará como una sede para materializar este propósito.

La segunda fase está constituida por una serie de “intercambios” entre los novatos y los veteranos. El destrozo de ventanas con piedras, burlas mostrando los traseros, fuego en la cerca del hogar de los nerds, cerdos, son algunos de los elementos que constituyen el ataque del segundo grupo. Los nerds tomarán represalias recurriendo a la infiltración de cámaras en las habitaciones de las chicas Pi, en su mayoría parejas de los veteranos varones. También optarán por una alternativa banal para burlarse de los abusivos: echar un líquido caliente en sus suspensores.

El tercer nivel es la formación de alianzas. Los nerds ven que es necesario ser parte de una hermandad que les permita apoderarse del Concejo. La Hermandad Lambda, Lambda, Lambda, curiosamente conformada por negros, es la única asociación que los recibe como miembros. Los nerds también deciden generar lazos con las chicas Omega Mu para los juegos de carnaval, evento que marca la última fase del proceso de ascenso al poder.

La victoria en los juegos de carnaval es la que permitirá obtener la presidencia en el Concejo Griego. Consta de tres partes: pruebas de competencia (fuerza física, jabalina, eructos, etc.), fondos de caridad y espectáculo satírico-burlesco. Sería este último el que definiría la victoria del grupo de los Lambda-Omega Mu contra los Alpha Beta-Pi Delta Pi. Es en esta etapa donde los nerds emiten un corto discurso y logran una capacidad de convocatoria entre muchos estudiantes universitarios que se sentían marginados. Los veteranos ya no pueden recurrir a la violencia y acallar a los nuevos administradores del poder, puesto que aparte de tener la aprobación colectiva, los nerds cuentan con el apoyo de un contingente especial de defensa: viejos miembros de la hermandad Tri-Lambs, que forman un muro intimidante frente a los veteranos.

La venganza de los nerds refleja el sinsabor de la marginalidad, de la impotencia ante un statu quo plagado de abusos y rechazos que parece imbatible. Pero es, además, la metáfora de un grupo en claro proceso de lideración social en el que la intervención organizada dentro de un escenario de luchas definirá el inicio de una batalla contra el abuso. Tal como advierte Gilbert, indignado pero enérgico en su discurso final: “Uníos a nosotros porque nadie será libre hasta que acabe la persecución a los novatos”.

La Oligarquia la retorica y la Anti Peruanidad

La Oligarquia la retorica y la Anti Peruanidad
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Gerardo Alcántara, MA, PhD, Sociólogo
Catedrático de la Universidad Mayor de San Marcos
Lima Perú. Email: g_alcantara@hotmail.com
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Javier Valle-Riestra, cuyo nombre completo es Javier Maximiliano Alfredo Hipólito Valle Riestra González Olaechea, conocido polemista, parlamentario peruano cuantas veces lo desee −siempre que haya elecciones en el Perú−, además de consagrado defensor del derecho −saltando por sobre cualquier consigna partidaria−, sostiene una polémica con cuatro diputados chilenos, a propósito del diferendo marítimo que Perú y Chile tienen actualmente en La Haya. No deja de sorprender, por cuanto no está claro si se preocupa por defender la causa peruana o la de su siempre recordada estirpe aristocrática, en circunstancia que los líderes chilenos identifica Perú y la mancha india.

Quien realmente esté interesado en defender los intereses peruanos debe tomar en cuenta que se trata de un tema muy serio. Pero en defensa de su disputa, nos dice ahora: “Dije en un juego de palabras que, fonéticamente, Pinochet y Bachelet suenan igual. Al final, son apellidos de origen francés. Agregué que cada uno de esos personajes expresa autoritarismo. Uno de ultraderecha y, la señora, de seudo-izquierda. Ambos tienen, sostuve en Radio Programa del Peru (RPP), de común su anti peruanidad”.

Se trata de un juego de palabras, con intensión satírica, lógicamente inatingentes y por tanto falaces. No están destinadas a hacer pensar, sino a despertar emociones, eso que sobra y fomenta las barras bravas.

Las verdaderas intenciones del discurso de Javier Valle Riestra solamente las sabe él. Debe diferenciar el discurso de quien habla como político en el sentido habitual del término que cuando lo hace como congresista que defiende intereses de estado. En las actuales circunstancias es parlamentario peruano, cualquier opinión suya por más que lo diga a título personal, es la un miembro de uno de los poderes del Estado. Por el contexto en el que se pronuncia y contra quien va dirigido su mensaje tiene trascendencia internacional. Esto no quiere decir que un parlamentario pierde el derecho de opinar. Carece del derecho de opinar de manera inadecuada, porque lo hace a nombre de la nación y compromete a todos los peruanos. Ese “juego de palabras” no le hace bien al país. Internamente educa mal a los peruanos y externamente, deja mal parado al Perú. Aunque para decirlo con rigor, en el discurso de Javier Valle Riestra en vez argumentos hay fobias combinadas con reminiscencias aristocráticas, envueltas en retórica.

Un Viejo Peruano y su polémica

“Mi opinión es la de un viejo peruano −agrega−, descendiente de héroes de la guerra del Pacífico. Mi bisabuelo, el coronel Miguel Valle-Riestra y mi abuelo Alfredo, combatieron en el Morro Solar en enero de 1880. En la batalla de Miraflores murió Felipe Valle-Riestra blandiendo la espada que mi tío bisabuelo, el almirante George Martín Guise, blandiera en Trafalgar. En el Huáscar combatió Domingo Valle-Riestra”. Podría agregar que también es descendiente de Jorge Chávez, hijo de Juan Dartnell y doña Mercedes Guisse Valle Riestra de Dartnell, ancestros del congresista Javier Valle Riestra.

Si estos argumentos justifican su estatus de “viejo peruano”, ¿donde quedarían César Vallejo, Ima Sumac, José sabogal, Julio C Tello, Javier Pérez de Cuellar o Mario Vargas llosa? ¿Tendríamos que discriminar a quienes tienen alguna prosapia nativa? ¿Deberíamos considerar como no peruanos a quienes construyeron Macchupicchu, a los mochicas que hicieron los huacos retrato o los nazcas de las trepanaciones craneanas o los finísimos telares antiguos?

Su polémica ¿tiene por objeto defender los intereses peruanos o resaltar su prosapia europea frente a los chilenos que de acuerdo a la tipología de Darcy Ribeyro, entre los países americanos, Norteamérica, Argentina, Uruguay y Chile, son pueblos trasplantados?

Valle Riestra es una personalidad indiscutible que siempre hace y hará noticia. Ese estatus tan especial debe crearle la obligación de tratar los intereses del Perú, su verdadera patria, más allá de sus míticos ancestros, en una época de intensa movilidad social. Apelar a la prosapia, el apellido, a los ancestros, fue válido en las sociedades preindustriales. Es cierto que Perú es un país en proceso de desarrollo, pero no es ni esclavista, ni feudal, épocas históricas en las que la validez de las personas dependía de su linaje.

Si la intención de Javier Valle Riestra fuera destacar su prosapia, tomando como pretexto los intereses del Perú, tendríamos que entender que lo de “viejo peruano” tiene una connotación muy especial, en el sentido de arcaico. Como arcaicos son ahora las pretensiones de ciertas personas cuando hablan de su casa con piscina, de su casa de playa, o de su carro todoterreno, en un mundo donde de la noche a la mañana aparecen jovencitos que en base a su talento ganan miles de millones de dólares. En ese sentido Javier Valle Riestra si sería un lamentable “viejo peruano”.

Si lo de “viejo peruano” con tan connotada prosapia es lo que legitima el discurso de Javier valle Riestra, en sus palabras, per formativamente existe una auto denuncia sobre el destino histórico del Perú. Porque el problema peruano no es solamente haber perdido territorios producto de guerras con países vecinos, sino oportunidades de desarrollo que hicieran del país un país fuerte y respetable, por culpa de la oligarquía.

La Retorica las palabras perdían magia

Acudiendo a su irrenunciable retórica, justifica el motivo de su enfado: “A base de debilidades y claudicaciones terminarán hegemonizando en el Titicaca y alrededores. ¡Visión histórica! políticos y politicastros. No perderse en las cortesías ni en los eufemismos cortesanos de Torre Tagle. Yo por mi parte seguiré irrevocable manteniendo mi posición, aunque protesten los seudosocialistas chilenos todos los días”.

Las palabras no tienen magia. Por muy valiente que pretenda aparecer ante los políticos de otros países, éstos no son tontos para temer a quienes juegan a espantar con palabras.

La historia demuestra que la fortaleza o debilidad de las personas y de los países depende de cuánto de historia hay en ellos, en el sentido de operar cambios cualitativos. Todo cuanto hace el hombre deviene de una combinación de naturaleza y conocimiento. La transformación del hombre mismo depende de los intangibles que insume. Eso marca la diferencia. Depende de la educación formal e informal que absorbe. La grandeza de un país depende de la calidad y cantidad de intangibles que hay inserta en su economía y los demás aspectos de su existencia.

La Oligarquía Peruana

La oligarquía peruana de manera fáctica y teóricamente a través de Alejandro Deustua se ha opuesto a la educación popular escolarizada. La mancha indígena, como Valle Riestra dice que califican a los peruanos, han luchado siglos por romper sus cadenas, fomentando el “desborde popular” que está salvando al Perú de la debacle a la que la llevó la tradicional oligarquía peruana, que al no entender el sentido de la historia, no se preparó para salvar a sus individuos. Deustua, por ejemplo, creía que invertir en educación era “botar dinero en saco roto”, como ha repetido últimamente un ex ministro que tiene delirios oligárquicos aunque realmente vive del salario que el estado paga a los profesores universitarios.

La oligarquía peruana no ha podido salvar eso que quería que sea eterna, el feudalismo. Tampoco ha tenido la capacidad de mutar, de transformarse en burguesía. Se ha extinguido como los viejos dinosaurios, porque no han tenido la capacidad de adaptarse a los cambios. Ideólogos suyos, como Deustua no solamente decían que no hay que seguir la modernidad norteamericana ni la que por entonces, a principios del siglo pasado, se veía en Argentina. Se oponía a la educación popular, porque los siervos no necesitaban más que de su fuerza física para trabajar, combinada con la fuerza física de los animales. El sistema se sostenía sobre la fuerza física de siervos y animales. No entendieron que educando al pueblo, harían del Perú un país poderoso, que las clases dominantes perderían alguna vez su condición de aristócratas feudales transformándose en exitosos burgueses. Como eran ignorantes, guiaban sus conductas por prejuicios sin hacer uso de la neo corteza y como los dinosaurios desaparecieron. Su lugar lo están ocupando actualmente los chilenos. Chile conquista ahora pacíficamente al Perú y mucho se deben reír del “viejo peruano” que se consuela con sus viejos lauros oligárquicos.

Perú necesita de otro discurso. No debemos depender de la venta de recursos mineros –ni en general de los recursos naturales−, ni debemos rematar nuestra Amazonía. La defensa del país no debe ser retórica. Se necesita una nueva cultura, la de los intangibles, que por lo que se ve, el casi vitalicio parlamentario y “viejo peruano” Javier Valle Riestra no entiende y nunca ha dado muestras de preocuparse por eso. Quizá realmente sea un peruano tan “viejo”, que macerado en frases retóricas, haya perdido definitivamente la oportunidad de entender el sentido de la historia.

La "Cultura Chicha" en el Perú

La "Cultura Chicha" en el Perú
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Arturo Quispe Lázaro, MA, Sociólogo
Director de la Revista Interculturalidad
Lima- Perú
Email: arturoql2004@yahoo.com
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En estos años de cambio de siglo, en el país, se ha hecho viva la preocupación por lo que se ha venido en llamar "cultura chicha" En esta coyuntura ello está relacionado con situaciones que se han dado en dos ámbitos distintos: la política y la cultura. El primero, en el ámbito político, a su vez, se han dado tres hechos que han marcado la escena política y la preocupación nacional de fin de siglo: 1) los diarios denominados chicha se convirtieron en pasquines de la mentira, del engaño y del ocultamiento de la información de manera deliberada; 2) la fraudulenta re-re-elección del presidente Fujimori, que apelando a todo tipo de argucias, confabulación, chantaje y engaño se ungió con un tercer mandato anticonstitucional; 3) la conversión súbita de parlamentarios de oposición al oficialismo, los llamados tránsfugas, que renegaron o abjuraron de los principios que los llevó al parlamento. Todo ello ha ocurrido al son de la tecno-cumbia 'El baile del chino'. El primer hecho vinculó el termino chicha con la falsedad y el engaño; en el caso del segundo y tercero, su asociación era con la falta de escrúpulos y la flexibilidad de los valores. En suma, los tres hechos del ámbito político se insertan dentro del marco de la flexibilización de las normas y los valores muy extendido en toda la sociedad: que ha transgredido la institucionalidad de las normas; puesto en cuestión la ética y los valores, resaltando una racionalidad instrumental. El segundo, en el ámbito cultural: a la par con el anterior, y merced a la gran aceptación de la tecno-cumbia o tecno-chicha, se viene asociando a la chicha como una música que "democratiza", dado su inserción en todos los estratos de la sociedad, y medios de comunicación. A todo este conjunto de hechos se la ha asociado con la llamada "cultura chicha".

Pero también, a lo largo de dos décadas, de los 80 hasta el 2000, se ha ido construyendo un significado de la chicha de contenido negativo que ha servido para calificar a todo tipo de situaciones que se vincula con la transgresión, fuera de lo establecido, mal hecho o informalidad. De tal manera que el término chicha fue adquiriendo un valor de contenido negativo. Veremos que ha sido frecuente -aún lo es- leer y/o escuchar de algunos analistas políticos y especialistas de toda laya, sobre todo en los medios de comunicación, el término `chicha' asociado a todos los ámbitos: el económico ("economía chicha", "crédito chicha", "presupuesto chicha", "tren chicha", "modernidad chicha"); el político (un "presidente chicha", "constitución chicha", "alcalde chicha", "sendero chicha", "parlamentaria chicha", "partido político chicha"); lo social ("organización chicha", "asamblea chicha"); el cultural ("es una creación chicha", "colores chicha"); del espectáculo (animadora chicha, vedette chicha, programa de espectáculos chicha); el deportivo ("Alianza Lima fue una estridente chicha sin compás, monótona y sin ritmo"). A la arquitectura ("arquitectura chicha", "casa chicha", "diseños chicha"); también en el uso cotidiano y coloquial ("nada que ver con cosas chicha", "estas pura chicha"); y así, podemos seguir encontrando o inventando más asociaciones con el término chicha (la revista Perú-paz calificó al Perú "1994 ha sido un año chicha en el Perú"; "...este Perú profundamente corrupto y chichero y laxo y desarreglado", Abelardo Sánchez León, revista Quehacer.) pero siempre con ese sentido negativo que se la ha encajado.

Actualmente, en el año 2000, En este contexto, marcado por un polarizado ambiente político se ha vuelto encontrar calificativos como: "elecciones chicha", "parlamentarios chicha" o tránsfugas, "diarios chicha", "presidente chicha", "política chicha"; siempre con ese signo negativo. También dentro del quehacer del mercado: "El "achichamiento" del mercado y el marketing peruano" (Gestión, 30 de julio, 2000). "Estamos en un país chicha y las cosas que hace uno en el exterior lo miran" (Oblitas en: Todo Sport.).

La chicha como amalgama de culturas

Sin embargo, podemos decir, que la chicha, es más bien el sincretismo, la mixtura de todas las culturas del país anidadas en la ciudad capital. No es exactamente andina, aunque lo es mayoritariamente, tampoco es propiamente citadina, es la mezcla e imbricación de toda las culturas, incluida la criolla, limeña.

De tal modo que, en determinados contextos se ha privilegiado algunos aspectos de la "cultura chicha": que va ligado estrictamente con lo mal hecho, inescrupuloso, delictivo; anómico, etc. Es decir, es su sentido negativo el más difundido.

Pero ¿qué es la "cultura chicha"? ¿cómo se ha generado? ¿Cómo adquiere una connotación negativa el término chicha? ¿es exacto denominar "cultura chicha" a todo este conjunto de hechos o tal vez, es una manifestación importante que se ha ido configurando como tránsito de una sociedad de corte aristocrático-criolla hacia una sociedad más popular, confluyente, de corte democrático, en la que coexistan todas las culturas vivas del país, y está más de acuerdo a los cambios producidos en los últimos 50 en el Perú? A fin de cuantas ¿qué nos está diciendo la llamada "cultura chicha", que significado adquiere, para la cultura en el Perú, para Lima en particular?

Para explorar su comprensión de la llamada "cultura chicha", veremos en estas líneas las dimensiones que comprende, la construcción social del significado negativo de la chicha y el significado cultural que adquiere para el país y Lima en particular:

Dimensiones de la "cultura chicha"

A lo largo del tiempo, esta manifestación de lo chicha se ha ido configurando, en una suerte de cultura que ha involucrado una serie de aspectos o dimensiones. De ahí, podemos decir que La cultura chicha presenta las siguientes dimensiones:

1. lo estético-cultural: colores estridentes, combinación de las comidas, mezcla de tradiciones y culturas, etc., que más de las veces se ha asociado con "mal gusto" desde cánones culturales distintos.

2. lo informal, la mezcla, pandemónium, etc.

3. la flexibilidad de las normas y los valores: lo inescrupuloso, fuera de las normas,etc.

A partir de estas dimensiones, construidas socialmente, se extienden en todos los ámbitos de la sociedad: tanto social, político, económico y cultural. Y, por supuesto, como ya he señalado, en determinados contextos se relieva uno de sus aspectos. En estos dos últimos años es el ámbito político el que está en la escena nacional, es aquí donde hemos podido dar cuenta de algunas de las dimensiones ligadas con su significado negativo.

La connotación negativa del término chicha

Hasta fines de los años 60 en el Perú, a la chicha, sólo se la conocía como una bebida ancestral, autóctona, andina: la chicha de jora. Tenía un contenido positivo, casi mítico y ningún otro referente que la reconociera. No había nada que la identificara con lo peyorativo, insignificante, improvisado, pandemónium; con un contenido negativo, ni mucho menos que advirtiera mezcla, mal gusto y sobre todo, que estuviera mal hecho.

Entonces ¿de dónde proviene su connotación negativa? En principio, habría que decir que esto se dio básicamente desde la creación de la música chicha. La música chicha surgió en un medio netamente urbano y limeño, dentro de una atmósfera de convulsión social y cultural, de fusión de géneros musicales (cuyos gestores fueron tanto migrantes aclimatados como sus descendientes o nuevos limeños), y de una suerte de enfrentamiento entre lo serrano y lo costeño. Su aparición, a fines de los años 60, en el medio musical urbano incrementó (léase redefinió) el sentido del término. De ese modo, la chicha no sólo era una bebida, sino además un género de música. A partir de ese hecho, al término chicha se le fue adjudicando un contenido adicional según tres elementos importantes:

1) las características que fueron presentándose en el desarrollo musical de la chicha; 2) los sujetos que convocaba; y 3) las nuevas circunstancias sociales que se desplegaron a su alrededor. Elementos que se irán conjugando para redefinir el contenido de la chicha.

De esa forma, la acepción negativa empieza a configurarse bajo dos niveles: Primero, a un nivel manifiesto, social, desde que se crea la música chicha. Es decir, la aparición del significado negativo de la chicha se debió a la asociación del término con lo que acontecía en el ambiente chichero: con sus fiestas, que más de las veces terminaban en pleitos (con mucha mayor frecuencia en sus inicios); con la forma de ser de algunos chicheros, a quienes se les identificaba como "achorados", "maleados", "gente del mal vivir"; y sobre todo por quienes conformaban ese mundo chichero: jóvenes de sectores sociales bajos, de barrios populosos, muchos de ellos migrantes andinos pobres, aclimatados o nuevo limeños.

Segundo, a un nivel latente, en el plano de los valores, el término adquiere un significado negativo teniendo como sedimento el desprecio al indígena, al serrano, al cholo, producto del racismo criollo del siglo XIX, el racismo republicano, que instituyó una distinta y poca valoración del indígena, del cholo frente al blanco, al criollo. Hoy en día el racismo forma parte de nuestro inconsciente colectivo, y es una característica de nuestra conformación cultural; reactivado y reforzado desde los años 50 en adelante con la presencia creciente de los migrantes andinos en las ciudades.

La música chicha, en este contexto, activa esos contenidos inconscientes en la medida en que desde su creación hizo una suerte de propuesta distinta no premeditada: de valores, de gusto, de belleza, de colores, de estilo, de patrones de creación, de ritmo, distanciado y/o enfrentado a los propiamente citadinos limeños.2

Es decir, con la chicha se reedita el enfrentamiento tradicional entre dos tipos de culturas: la andina y la costeña, en el medio urbano. Esto se debió a la presencia de varios factores: 1) los migrantes serranos aclimatados o los hijos de éstos, los nuevos limeños, que son vistos como los generadores de todos los males; 2) la condición social de este sector, por lo general popular, asociado a lo `maleado', lo `achorado'; 3) la mezcla de dos géneros, considerada de mal gusto; 4) la creación musical vista como rudimentaria, elemental, mal hecha; a la luz de otras con patrones definidos y académicos; 5) las fiestas chicha, a las que se atribuía la generación de la violencia; 6) un tipo de belleza, de colores y vestidos calificados de mal gusto, de bajo nivel y de poco valor.

En buena cuenta, la chicha, como término, recogería para sí, por un lado, los trastornos sociales de las nuevas circunstancias que se generaron desde los 50 en adelante, de los cuales la música chicha es su producto cultural; y por otro lado, los prejuicios y valores formados desde el racismo republicano contra todo aquello que tiene algún matiz andino, étnico o cultural distinto al blanco. Ese estigma de lo cholo, de lo indígena y de todo aquello diferente al blanco forma parte, hasta hoy, de nuestros valores y de tiempo en tiempo aflora.3 En suma, el signo negativo endilgado al término chicha respondería a ese doble hecho ubicado en el plano de lo manifiesto y de lo latente. Hoy en día, sin embargo, la acepción negativa transciende los marcos puramente melódicos-culturales hacia la esfera de lo social para dar cuenta de lo que viene ocurriendo a nivel de la sociedad. De esa manera el término chicha, por su uso cotidiano, adquiere una suerte de distanciamiento de su origen sociocultural -arrastrando su signo negativo- para ser tomado como un descriptor de lo social. Dejando de ser un sustantivo y convertirse en un adjetivo calificativo de acepción negativa.

La chicha en el contexto cultural peruano :
Cambio cultural desde la segunda mitad del siglo XX

Para tener una idea clara del significado de la "cultura chicha" en el Perú y Lima en particular, hay que verla dentro de un contexto más amplio, dentro de un proceso de conformación de la cultura en el país durante el siglo XX, e indagar cuáles han sido los cambios ocurridos en esos años para que se produzca un tipo de cultura como la llamada chicha.

Desde la segunda mitad del siglo XX hacia adelante, se fue configurando un tipo de cultura producto de las nuevas circunstancias por las que fue atravesando el país, y Lima en particular. Básicamente se debió a las migraciones andinas que arribaron a la ciudad desde 1950, la segunda gran oleada migratoria como dijera Bourricaud (1989), provincianos pobres de distintas partes del país llegaron a la capital con muchas expectativas. Se ubicaron en lugares distantes de la ciudad, conquistando sus propios espacios (Degregori, Blondet y Lynch, 1986), creando asentamientos humanos, pueblos jóvenes, distritos populares. Es decir, "ensancharon" Lima en sus cuatro grandes zonas (norte, sur, este, oeste) (Sánchez, Calderón, 1980). Si en los años 40 el 28.5% de la población de Lima era migrante, en 1961 ya eran el 46%, y en el año 1972 se convirtió en el 46%, de migrantes en Lima. (Golte y Adams, 1990). Se produjo la "cholificación" de Lima y la emergencia del cholo (Quijano, 1980), el nuevo limeño (Portocarrero, 1993) fue amalgamando sus valores,creencias, costumbres, tradiciones, etc. a estas nuevas circunstancias citadinas (Quispe Lázaro, 1993). Buscaban identificarse con la nueva realidad social de Lima en medio de un hervidero cultural que trascendía la singularidad y el localismo provinciano. Se fueron asimilando a la ciudad. Este hecho produjo un doble proceso: Por un lado, Lima fue adecuando a estos nuevos habitantes a su ritmo y a su lógica; y por otro, los nuevos limeños fueron adecuando Lima a sus valores, costumbres y tradiciones. En todo este proceso coparon todas las instancias de la sociedad (Mar, 1984) generando cambios en todos los ámbitos: sociales, geográficas, económicas, políticas y culturales, transformando la Lima señorial y aristocrática, Criolla y mazamorrera.

Al paso del tiempo este tipo de manifestación cultural se le ha denominado de muchas maneras: cultura andina, cultura chola y también cultura chicha. Y la ciudad que ha sido influida por estos sectores se la ha calificado de: Lima andina, Lima chola o la andinización de Lima, la cholificación de Lima, etc. Ultimamente, también, se la ha denominado Lima chichera o para indicar que se ha extendido a toda la ciudad, se la ha llamado el enchichamiento de Lima. La intención era, con estas y otras designaciones, caracterizar a la ciudad en las actuales circunstancias a partir de algún elemento, que haya acaecido en el transcurso de estos años en Lima. En esa dirección, uno de los apelativos que más se ha mencionado para calificar el tipo de cultura de Lima, de estos años, es el término chicha. Cultura chicha.

Para una mejor comprensión de la cultura chicha, no solo hay que considerarla como una manifestación de anomalías -por llamarlo de alguna manera-, de informalidad o algo mal hecho o relacionado con lo inescrupuloso, o laxitud de las normas. Sino además considerarla como manifestación de un conjunto de situaciones que corresponden a una sociedad en transformación, de tránsito de una sociedad aristocrático-criolla hacia una sociedad -por lo que se ve- que se configura más democrática, en donde cohabiten todas las culturas, dentro de un contexto social moderno. Todo ello también debido a la reconfiguración de la ciudad, del espacio geográfico y de su composición social. Por tanto, lo que se viene denominando chicha es aquél amalgama de todas las expresiones culturales, el hervidero del pasado y del presente, de la reminiscencia de la cultura criolla y aristocrática y su conflicto permanente con lo andino quechua y amazónico.

A manera de conclusión.
La "cultura chicha" como signo de nuestro tiempo.

Diremos que, la cultura chicha en el Perú -a falta de un nombre adecuado- denomina el sincretismo cultural de los últimos 50 años en el país. Es una cultura que tiene varias dimensiones, a pesar que la más difundida se vincula con lo anómico, informal e inescrupuloso; sin embargo, las otras dimensiones aluden a un patrón de cultura distinta a la tradicional aristocrática, expresa la mixtura de todas las culturas. De ese modo lo experimentamos de manera cotidiana: el combinado en las comidas, la difusión de los colores fuertes, la vitalidad de las diferentes culturas anidadas en la capital, etc. Además de ser un rasgo incluyente, es decir, la significante presencia de todas las culturas, sin menoscabo de ninguna. Por tanto, diremos que la cultura chicha es la manifestación del cambio cultural que ha sufrido el país desde la segunda mitad del siglo XX en el Perú, en Lima en particular, haciendo que la cultura sea más democrática y popular.

Aún estamos en ese camino de permanente cambio, aún no hay nada concluyente, solo asistimos a sus manifestaciones externas de lo cotidiano, que a paso construye una suerte de devenir. Sólo podemos atisbar que estamos, al parecer, en tránsito hacia algo distinto a lo aristocrático y patrimonial, donde lo popular, esta vez, sí tiene presencia.

Pero aún no sabemos exactamente qué va a ocurrir, ni qué rumbo tomará, ni cuál será el derrotero futuro, ni cuanto demore esta suerte de cambio hacia, suponemos, algo mejor en la que participen todas las culturas de una manera democrática y sin exclusiones. Mientras tanto, la "cultura chicha" sigue moviendo a la sociedad en su conjunto.
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1 Documento expuesto en el Panel sobre La "Cultura Chicha" en el Perú. Organizado por el Centro Federado de Letras de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el 31 de setiembre del 2000, en medio de la crisis política. Lima, Perú.

2 No es casual, por ello, escuchar afirmaciones como: la chicha "es de mal gusto", "es fea", "eso no es música", "es estridente", "sin ritmo", calificaciones que traslucen patrones y referentes distintos.

3 Estigma muy presente actualmente debido a las migraciones andinas mencionadas; a la actual omnipresencia de lo serrano y lo cholo en la capital (los jefes de familia nacidos en la sierra según niveles socioeconómicos: NSE "A": 2%, "B": 6%; "C": 29%; "D": 48%; "E": 15%. En: Niveles Socioeconómicos en Lima Metropolitana. Apoyo Opinión y Mercado, S.A., 1999, p..22. Sin embargo, los jefes de familia provincianos en la capital son: NSE "A": 11%; "B": 16%; "C": 59%; "D": 64%; "E": 48%. En: Ibídem); y sobre todo, a la intolerancia para admitir otras formas de expresión cultural, ligado al reconocimiento del otro en sus derechos sociales y culturales.



Tuesday, February 9, 2010

La Primavera Peruana en la Glogalizacion

La primavera peruana en la globalización




José Carlos Luque Brazan, MA, PhD, Antropólogo
Catedrático de la Universidad Autónoma de México
DF, México Email: pepe_luque@hotmail.com


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Trás dos décadas de un sombrío desarrollo financiero la economía de Perú se fortalece en torno a la globalización
Hace menos de veinte años atrás los peruanos y peruanas atravesamos por la más importante crisis del siglo XX. Durante su primer gobierno (1985 – 1990), Alan García realizó una serie de desafortunadas acciones económicas (Congelamiento del pago de la deuda externa, instalación de diversos tipos de cambio respecto al dólar, nacionalización de la banca, paquetazos económicos desestructurados), que dieron como resultado al final de su período una hiperinflación del 2789%, el total retraimiento de la comunidad financiera internacional, una reducción de los salarios reales en un 50%, en comparación con el año 1985, la caída de los gastos de salud y educación en 15%, la desaparición de las reservas internacionales, un crecimiento de la deuda externa pública de 13,000 millones a 20,000 millones de dólares. Para ponerlo en una dimensión cotidiana, cada día del gobierno de Alan García significó para la economía de los peruanos una devaluación diaria de 1.66%. Los obreros y empleados perdieron el 70% del valor de sus salarios. Recuerdo con claridad que la moneda nacional, los intis, eran cambiados por mercancías como arroz, azúcar, leche enlatada, con el propósito de que no perdieran su valor de inmediato, el trueque de estos productos sustituyo en muchos casos la función de una moneda devorada por la crisis y las acciones de un líder carismático desbocado. Alan García heredo a Fujimori un país destruido económico y socialmente.

Durante casi 15 años, el Perú se convirtió en una paria para la comunidad internacional, a los desastres económicos, se sumaron otros graves problemas: la ingobernabilidad derivada de la violencia política (que para muchos autores fue equiparable a una guerra civil), el narcotráfico, y la presión de la comunidad financiera internacional, fueron variables determinantes en el ocaso peruano de fines del siglo XX. Ante ello las respuestas vinieron de la sociedad, la creación de los comedores populares, rondas campesinas y mercados económicos informales, fueron los dispositivos desde donde se articularon los esfuerzos de los de abajo para darse alguna dirección y certidumbre, esfuerzos que describiría desde su credo neoliberal Hernando De Soto, en “El otro Sendero”.

Fujimori y su ministro estrella de economía, Carlos Bologna, fueron quienes diseñaron la nueva arquitectura del estado peruano en los noventas, el cual fue orientado en el más estricto y salvaje orden neoliberal, los derechos sociales fueron mercantilizados y casi tres millones de peruanos optaron por la migración internacional como la única tabla de salvación para encontrar trabajo. Los indicadores macroeconómicos se estabilizaron y el crecimiento del Producto Bruto Interno del año 2008 fue del 10%. Hoy en día el ingreso per cápita de los peruanos se encuentra en los 8594 dólares, más de tres veces al del año 1990. Ciertamente las cosas van bien para la economía peruana, otro indicador es el índice de Gini, según la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL), para el año el 2009, el Perú quedo en el cuarto lugar de la distribución del ingreso en América Latina, superando incluso a México. Finalmente, el PBI creció en el año 2009 el 1%, en contexto de crisis mundial generalizado, otro dato más que habla de la solidez de la economía peruana.

Los datos son elocuentes, la globalización le ha caído bien al Perú, en el Pacífico sus puertos se modernizan día a día y el Callao ha vuelto a ser el más importante en la cuenca desde la Guerra del Pacífico. Pero su progreso, sus ganas de salir adelante no son sólo elementos radicados en el ámbito económico, sino son fuerzas sociales y culturales, las cuales se están desempeñando positivamente en un escenario signado por la globalización y el surgimiento de importantes sectores radicalizados de identidades étnicas y culturales (un ejemplo de ello es lo que ocurre en el Medio Oriente con islámicos y judíos y en América con él protestantismo anglosajón). En este sentido, la identidad cultural peruana ha sido capaz de insertarse en la globalización a través de su gastronomía, literatura y actores culturales. Paladares españoles, mexicanos, franceses, estadounidenses, chilenos degustan cada día en sus ciudades un plato típico peruanos. Otra perla de este movimiento es la nominación a los premios Oscar del presente año de la película “La Teta asustada”, un film que explora de manera intimista los efectos de la guerra de los ochentas que tanto dolor y daño nos ocasionaron a los peruanos.

La primavera peruana está instalada en el escenario latinoamericano y ello preocupa sobre todo a las élites chilenas, el electo Presidente Sebastián Piñera ha manifestado públicamente que el crecimiento peruano es un reto para Chile y ha prometido que en su gobierno, el país de la estrella solitaria crecerá a un ritmo del 6%. Sin embargo hay un detalle que ha olvidado, uno de los puntos fuertes del crecimiento peruano está en la cultura peruana, la cual se ha caracterizado por generar un capitalismo distinto, con olor popular, con sabor a primavera chola y andina